Jóvenes Construyendo el Futuro (JFC) es una de las políticas insignia de la Cuarta Transformación. No es para menos. El programa es el primer esfuerzo verdadero para incluir a un sector olvidado al mundo laboral: las juventudes. Tiene muchísimas ventajas de las que poco se habla. Usualmente, ha sido asociado incorrectamente a los mal llamados “ninis” (el sector joven que no estudia ni trabaja). En realidad, los participantes son todo menos eso: son jóvenes que decidieron entrar al mercado laboral, trabajar y contribuir al desarrollo económico del país y sus familias. 

JCF tiene varios efectos muy positivos en la sociedad: (1) integra a los jóvenes al mercado laboral, quienes usualmente son excluidos por falta de experiencia, (2) la mayor parte de los beneficiados vienen de los grupos más vulnerables y de las zonas más pobres del país, (3) tiene un efecto de mitigación en el sector joven que es cooptado por el crimen organizado, (4) aumenta la productividad y apoya a las empresas, y (5) sirve como medida para reducir los impactos negativos provocados por la crisis económica.

Los jóvenes en México enfrentan fuertes barreras para encontrar un trabajo. Uno de los principales problemas es que las empresas prefieren contratar trabajadores con más experiencia, por lo que son discriminados. Sin embargo, esto crea un ciclo vicioso, ya que los jóvenes nunca adquieren experiencia porque no son contratados. JCF rompe con este ciclo. Los beneficiarios del programa adquieren experiencia suficiente y al terminar, la gran mayoría se incorpora a la empresa en donde hizo su servicio o por otra del mismo ramo económico, integrándose al sistema productivo.

A la fecha, el programa ha beneficiado a 1.5 millones de jóvenes, de los cuales el 57% son mujeres. Los estados con más participantes son Chiapas, Tabasco, Veracruz, el Estado de México y Guerrero. Es decir, el programa está focalizado en apoyar a los más necesitados y a las poblaciones vulnerables. Esto es algo natural del programa, ya que las mujeres de los estados más pobres del país son la población que más enfrenta barreras para encontrar un trabajo.

Por otra parte, gran parte de los beneficiarios se concentran también en municipios con altos índices de violencia. Aunque aún no existen datos suficientes para evaluar el programa a profundidad, otra de las ventajas del programa es que sirve para mitigar al número de jóvenes que tiene potencial para formar parte del crimen organizado. Evidentemente, los incentivos son muy distintos. JCF alcanza a todos aquellos que están en la línea de caer en la pobreza y necesitan un ingreso mínimo para el auto sustento o para apoyar a sus familias. Asimismo, se trata de un sector que no quiere formar parte de organizaciones criminales y que tiene como alternativa para cubrir sus necesidades básicas formar parte de un programa que ayudará en su futuro.

Finalmente, el programa también contribuye mucho a las empresas mexicanas, sobre todo en el contexto de crisis económica en la que nos encontramos. El programa provee a las empresas con mano de obra calificada a bajo costo. Incluso les ayuda a encontrar trabajadores responsables que se adecúen a sus necesidades, permitiéndoles evaluarlos durante un año. Esto representa una reducción considerable en el costo de las empresas, ya que se reduce el presupuesto de búsqueda de trabajadores calificados. Asimismo, el programa ha actuado como una forma de apoyo directo a la familia de los jóvenes que están en el programa, ya que reciben un ingreso igual al salario mínimo, independientemente de si la empresa reduce sus actividades debido a las medidas de confinamiento. 

Mucho se hablará de este programa en los próximos años. Sin duda, un programa innovador y de vanguardia que continuará, debido a sus múltiples efectos beneficiosos para la sociedad en su conjunto.