La pandemia ocasionada por el Covid-19 y la caída abrupta en los precios del petróleo podría causar estragos en la economía mexicana. Se estima que se podrían perder más de 1.2 millones de empleos así como una caída en el Producto Interno Bruto de alrededor de 6%. Los avances alcanzados el año pasado en términos de reducción de la pobreza por el incremento del salario mínimo quedarían pulverizados.

Este obscuro panorama se puede minimizar lo más posible si el gobierno federal toma medidas contundentes para evitar el desplome de la economía. Es verdad que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social está haciendo todo lo posible para mediar y dialogar con las empresas afectadas y así evitar que haya despidos masivos. Sin embargo, a pesar de que la Secretaría apoye a los trabajadores y aplique la ley, es imposible que las empresas, sobre todo las más pequeñas, mantengan contratados a sus trabajadores si no tienen ingresos.

Ante esta situación muchos países del mundo han aprobado paquetes fiscales para gastar lo más posible. Así es. El keynesianismo está de vuelta y es una política aplicada ahora hasta por los acérrimos neoliberales y la derecha de países como Brasil y Estados Unidos. Apenas el pasado 25 de marzo, Estados Unidos aprobó el mayor estímulo económico de toda la historia. El gasto que hará el gobierno asciende a 2 billones dólares. Para poner en perspectiva: esto es un poco más de todo lo que vale la economía mexicana. El objetivo del estímulo es apoyar a los desempleados y a las empresas para que puedan seguir operando con pérdidas durante el tiempo de distanciamiento social.

Por otra parte esta reacción no sólo aplica para países desarrollados. Argentina y Chile también están destinando gran parte del gasto del gobierno a reactivar la economía. Algunas medidas son el aplazamiento en el pago de impuestos, mayor gasto en infraestructura, créditos muy baratos y transferencias a las personas que se encuentran desempleadas. 

Para que México pueda gastar necesita emitir deuda. En otras palabras: tenemos que abandonar esta ortodoxia fiscal que nos está ahorcando. En momentos como estos nadie vería mal si México cierra el año con déficit para poder financiar programas de gasto que ayuden a reducir el impacto que tendrá la crisis en el bolsillo de los que menos tienen. Estamos ante una disyuntiva muy simple: mantener un superávit para mostrar que somos una izquierda responsable vs gastar y salvar la vida de millones de mexicanos. No se trata de un rescate a banqueros, no se trata de ayudar a los empresarios como se hacía en el otro régimen. Se trata de ayudar a millones de mexicanos que no tendrán para comer.

Existen muchas formas de gastar pero debido a que este gobierno es el gobierno de los trabajadores, creo que el esfuerzo debe estar concentrado en apoyar a los que menos tienen. Creo por tanto que las principales políticas que podrían ayudar a mitigar la crisis que se avecina son el subsidio al empleo y seguros de desempleo.

El subsidio al empleo ayudará a que las empresas no tengan que despedir a sus trabajadores a pesar de que vean muy reducidas sus ganancias. El subsidio puede operar como una cantidad de subsistencia, es decir, alrededor de tres salarios mínimos por trabajador. Las empresas más pequeñas pagarían sólo el subsidio a sus trabajadores. Otras con mayores márgenes de ganancia podrán mantener sus salarios actuales y el subsidio sería utilizado para amortiguar los costos de la caída tanto en su producción como en la demanda de sus productos.

Por otra parte también es necesario crear un seguro de desempleo. El seguro operaría de forma similar al subsidio y aplicaría sólo para aquellos trabajadores que pierdan su empleo a partir de que iniciaron las medidas de distanciamiento social. Lo ideal en este tipo de seguros es que no duren más de cuatro meses para que el trabajador siga buscando trabajo en el lapso que es apoyado por el programa.

Estos dos programas no sólo ayudarían a los trabajadores, también darían certidumbre a las empresas más pequeñas de que no es necesario que cesen sus actividades en el largo plazo ni harían ajustes recortando plazas de trabajo.

El reto para la 4T es muy grande. Sin duda no podíamos evitar el brote de Covid-19 ni tampoco la guerra de los precios del petróleo. Pero sí es nuestra responsabilidad, como gobierno emanado del pueblo, protegerlo. No podemos dar ni un paso atrás. No podemos dejar de gastar por ideología, no podemos seguir manteniendo austeridad si esto significa que aumentará la pobreza. Por el bien de México, primero los pobres.

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