Columna · El Soberano
Desigualdad de género en el mercado laboral
Analiza brechas salariales, trabajo de cuidados y recuperación desigual del empleo de mujeres, y plantea salario mínimo y transparencia salarial como herramientas de política pública.
Consultar fuente originalLa lucha feminista es un movimiento de gran importancia en el mundo y tiene muchas razones para existir. Nuestro sistema de organización social y económico ha mantenido a las mujeres oprimidas en muchos frentes. Nuestra sociedad está plagada de machismo, abuso, simulación y conservadurismo. Es importante reflexionar sobre este tema, porque ninguno de nosotros está completamente por encima de este sistema y, en diferentes medidas, perpetuamos esta relación de opresión hacia las mujeres.
Al no ser experto en este tema, que abarca muchas aristas, pero sí conocer más profundamente la economía del trabajo, en esta entrega me he tomado la libertad de plantear la situación que viven muchas mujeres en el mercado laboral y posibles soluciones económicas para reducir la desigualdad por ingreso.
La primera señal de la injusticia del mercado laboral para las mujeres en México es el salario. Los hombres ganan más en promedio que ellas. La brecha era de aproximadamente un 25% a finales de 2018. Aun controlando por ocupación, la diferencia se mantiene. Es decir, si comparamos una ingeniera contra un ingeniero trabajando en el mismo sector, los varones perciben mejores salarios.
Otra implicación es que más mujeres perciben solo el salario mínimo. En 2018, 12.3% de los hombres ganaban hasta un salario mínimo; en el caso de las mujeres, este número ascendía a 22.3%. La desventaja también ocurre en los niveles más altos de ingreso: de los trabajadores que ganan más de 10 salarios mínimos (es decir, los más ricos), 75.2% son varones y 24.8% son mujeres.
Esta asimetría se replica en el trabajo del hogar. En promedio, las mujeres brindan 15 horas más a la semana al trabajo en casa que los hombres. Las mujeres dedican en promedio 31.7 horas al hogar (independientemente de su trabajo profesional), mientras que los hombres sólo lo hacen por 15.9. Esto se mantiene separadamente del rango socioeconómico, profesión o edad.
La estructura también se ve reflejada en la recuperación del empleo, ahora que varios sectores de la economía reiniciaron actividades. Si tomamos el porcentaje del empleo que se ha recuperado con respecto a marzo, vemos que los puestos de trabajo de los hombres están en 94.7% de los niveles pre-pandemia. Es decir, 94.7% de los empleos ya se recuperaron en agosto para los hombres. En contraste, para las mujeres que laboran, la recuperación ha sido mucho más lenta y apenas han alcanzado 85.5% de los niveles pre-pandémicos.
Existen políticas públicas que pueden aplicarse para aminorar esta enorme brecha enorme del mercado laboral. Posiblemente, la falta de recuperación del trabajo femenino se deba a que los niños no han regresado a las escuelas. Por el factor cultural machista mexicano, es probable que las mujeres están asumiendo el rol de cuidarlos. Por tanto, urgen incentivos para reducir este problema a través de apoyos a los hogares, con el objetivo de poder contratar servicios de cuidados y que las mujeres se integren nuevamente al mercado laboral. De no ser así, la ausencia laboral podría tener efectos en su ingreso en el mediano y largo plazo.
Por otra parte, otras políticas públicas eficaces para el combate de esta desigualdad son el salario mínimo y la transparencia de nóminas. El primero beneficia más a las mujeres. Debido a que ellas tienen salarios más bajos, el salario mínimo beneficia y por tanto empuja hacia arriba su ingreso respecto al de los hombres (la brecha salarial se redujo de 25 a 22% gracias a los incrementos del salario mínimo). En relación con la segunda, se ha mostrado que es sumamente efectiva para reducir desigualdad de ingreso. El simple hecho de que las empresas mexicanas estén obligadas a publicar los tabuladores de todos sus puestos, por nivel de experiencia, capacitación y por género, da muestra de que existe discriminación laboral. La reacción de las empresas sería corregir el problema para evitar el rechazo público o multas por parte del gobierno. Y si, a pesar de esto, las empresas siguieran con estas prácticas, la información fortalecería mucho la posición de las mujeres para negociar salarios más justos y equitativos.