Columna · El Soberano
Robots y el futuro del trabajo: segunda parte
Analiza la automatización del trabajo en México y los cambios acelerados por la pandemia.
Consultar fuente originalEn la entrega anterior hablaba sobre cómo el mundo del trabajo está cambiando con la automatización y sobre la concepción equivocada de que queremos más trabajo cuando en realidad queremos empleos de calidad y trabajar menos horas. Ahora hablaré un poco de los efectos de la automatización en específico en nuestro país y de cómo la crisis económica causada por la pandemia acelerará cambios que se esperaban en años.
Usualmente cuando hablamos de automatización y robótica pensamos en destrucción de empleo. Sin embargo en el corto plazo debemos de pensar que la automatización destruye pero también crea trabajos. Podemos poner como ejemplo cuando se inventó el automóvil. En un inicio muchas personas que se dedicaban a transportar en carretas y a criar caballos perdieron su empleo, sin embargo la industria automotriz se convirtió en una de las mayoras generadoras de empleo del siglo pasado.
Desde hace varios años la pérdida de empleos debido a la automatización es una preocupación para los economistas y estudiosos de las ciencias sociales. En 2017 Frey y Osborne clasificaron todos los trabajos en Estados Unidos que potencialmente pueden ser sustituidos por la automatización o un robot. Utilizaron la Clasificación Estándar de Ocupaciones la cual es compatible con sistemas de ocupación en todo el mundo. Según sus cálculos 44% del empleo en los Estados Unidos está en riesgo de ser sustituido en los próximos años.
Sin embargo con la crisis provocada por la pandemia esto se ha acelerado. La crisis económica y de salud ha provocado fuertes cambios en los patrones de consumo y mucha gente que gradualmente empezaba a usar sistemas más automatizados como las compras por internet fueron obligadas abruptamente a utilizar estos sistemas. Es decir: algo que se iba a dar de manera gradual y natural ha sido artificialmente forzado por la crisis.
Para México la situación es un poco más dramática que en Estados Unidos. Si un país es más pobre y tiene trabajos poco calificados, la probabilidad de que este trabajo sea sustituido por robots es mayor. De acuerdo a cálculos de investigadores del Banco de México (Cebreros et al. 2020), en México 65% del trabajo es susceptible a ser sustituido por la automatización. Este número se reduce ligeramente a 57% si sólo se analiza el trabajo en el sector formal de la economía. Sin embargo las cifras son preocupantes ya que esto es un indicador de lo poco calificado de los puestos de trabajo en México.
Evidentemente hay ciertos patrones (no siempre claros) de qué tipo de trabajos se pueden sustituir. En general son trabajos rutinarios o que son fácilmente programables. En contraste, trabajos que requieren contacto humano y creatividad son más difíciles de sustituir. Entre más años de estudio se requiere para un trabajo la probabilidad de ser sustituido es menor. Sin embargo esto no siempre es el caso. Por ejemplo: bomberos y guardias de seguridad no pueden ser sustituidos por robots tan fácilmente aunque no requieran muchos años de estudio ejercer esta profesión. En el mismo sentido una de las profesiones que es más probable se sustituya es contabilidad fiscal que sí requiere actualmente un grado universitario pero se puede programar fácilmente.
En el caso del género es menos probable que los trabajos de las mujeres sean sustituidos (59%) que el de los hombres (69%). Sin embargo estos números reflejan una menor participación de las mujeres en el mercado laboral y que gran parte de sus ocupaciones necesitan habilidades que no son sustituibles por máquinas pero tampoco son bien retribuidas en el mercado como trabajo del hogar, vendedoras, despachadoras, secretarias y servicios de limpieza.
Todos estos cambios que han sido acelerados con la crisis nos hacen cuestionarnos cuáles son las estrategias correctas para atender lo que está pasando. Se ha hablado mucho de que es mejor subsidiar a las empresas para mantener el trabajo poco calificado (usualmente mal pagado), bajo el argumento de que es más caro recuperar un empleo perdido que crear uno nuevo. Esta lógica es correcta si sólo nos enfocamos en el costo inmediato, pero es incorrecta si pensamos que la mayoría de estos trabajos de todas maneras serán improductivos en la nueva normalidad. Pasada la crisis muchas empresas habrán transformado radicalmente la manera de producir bienes y servicios, tratar de mantener este tipo de empleo a toda costa podría resultar muy costoso y fútil.
Sin embargo la respuesta tampoco es tan obvia ya que si los esfuerzos se coordinaran en mantener sólo el trabajo que no es susceptible a la automatización, estaríamos beneficiando a los trabajadores que lo necesitan menos (sería una política regresiva), ya que los trabajadores poco calificados también son los más pobres con peores salarios. No hay solución perfecta. Quizá lo deseable sería apoyar a través de programas de capacitación para que la nueva clase trabajadora de la nueva normalidad también tenga nuevas habilidades.